Fundación Luis Chiozza

La Fundación Luis Chiozza es una institución sin fines de lucro creada para sostener e impulsar la obra de un grupo de profesionales que dedican sus esfuerzos a la investigación en psicoanálisis y medicina psicosomática.

Este grupo, actualmente nucleado en torno a las ideas del médico y psicoanalista Luis Chiozza, inició sus actividades junto con otros colegas en el año 1963, y en 1967 fundó el Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática (CIMP). Años más tarde, luego del cierre del CIMP, el grupo creó la Fundación que actualmente lleva el nombre de Luis Chiozza.

Para llevar adelante su misión institucional, la Fundación Luis Chiozza realiza múltiples actividades en cuatro áreas interrelacionadas:

INTERCAMBIO CIENTÍFICO

Incluye las Reuniones Científicas de los Viernes, los Encuentros Internacionales, las Conferencias y el simposio anual, entre otras actividades.

PUBLICACIONES

El trabajo científico realizado por la Fundación también ha alcanzado al público en general, por medio de la producción y edición de libros, tanto en formato impreso (de varias editoriales) como por medio de su versión electrónica, disponibles en este sitio web (ir a BIBLIOTECA ONLINE).

DOCENCIA

Comprende las actividades de capacitación y formación teórico-clínica de profesionales médicos y psicólogos, así como también de estudiantes universitarios de ambas carreras. Los cursos se organizan y se realizan en la Escuela de Psicoanálisis.

MENSAJE INSTITUCIONAL

¿Qué es y desde cuándo existe la Fundación Luis Chiozza?

La Fundación Luis Chiozza es una entidad sin fines de lucro que se ha sostenido siempre por el aporte de sus miembros. Un grupo de psicoanalistas —médicos y psicólogos— desde el año 1967 se ha abocado al intento de comprender cómo se relaciona el padecer del hombre con los distintos aspectos que surgen de su propia historia vital; cómo los distintos afectos que surgen de las vicisitudes biográficas inherentes a la condición humana, cuando son reprimidos, suelen expresarse en trastornos patológicos anímicos y corporales. Profundizar en la comprensión de esta relación ha permitido extender las fronteras terapéuticas del psicoanálisis al ámbito de las patologías que alteran la forma y la función de los órganos.

Los distintos aspectos de la labor que realizamos

Por medio de nuestro Instituto de Docencia e Investigación, abordamos esa tarea desde distintos ángulos; la investigación científica, el intercambio científico entre colegas dentro y fuera de nuestro grupo, la publicación de trabajos, la realización de simposios y congresos, la tarea asistencial y la docencia. Este año se cumplen ya cincuenta años de que la producción en cada una de estas áreas ha sido continua e intensa.

Hemos llevado a cabo más de treinta investigaciones sobre otros tantos trastornos orgánicos, como el cáncer, las cardiopatías isquémicas, la diabetes, los trastornos renales, la hipertensión arterial y el SIDA, por ejemplo. Realizamos ininterrumpidamente 47 simposios anuales destinados a los miembros y a los alumnos de nuestra Fundación y también destinamos, ininterrumpidamente durante todos esos años, un espacio semanal fijo para la presentación y discusión de trabajos científicos.

Organizamos, periódicamente, congresos nacionales e internacionales, cursos y conferencias abiertas al público.

Exponemos los desarrollos en la investigación y en la tarea asistencial a través de la publicación de libros, algunos de los cuales se han editado en Italia, EE.UU., Brasil y España. Una parte de esos libros ha sido escrita en un lenguaje accesible para el lector no especializado. Se han publicado, además, numerosos trabajos en libros y en publicaciones nacionales y extranjeras.

En la tarea asistencial desarrollamos un método que denominamos “estudio patobiográfico” que ejercemos desde el año 1972 en Buenos Aires, y que también se ejerce desde hace ya muchos años, en Perugia (Italia) y en Río Cuarto (Córdoba). Este método, que requiere la colaboración de psicoterapeutas de experiencia que se hayan dedicado a la tarea, permite utilizar los descubrimientos del psicoanálisis en el tiempo breve que en algunas ocasiones la necesidad establece.

Como parte de la tarea de docencia, durante los años transcurridos, hemos contribuido a la formación de numerosas generaciones de alumnos que se desempeñan hoy como colegas, capacitándolos no sólo en el ejercicio de la terapéutica psicoanalítica, sino particularmente en el abordaje psicoanalítico de los trastornos orgánicos. Nuestra Escuela se compone hoy con cinco niveles de formación diferentes; uno para estudiantes de medicina y psicología, tres niveles (inicial, medio y avanzado) para egresados de ambas carreras y, por último, una Escuela de Patobiografía donde los alumnos se interiorizan en las particularidades de este método terapéutico.

Cabe consignar también que, desde la docencia en nuestra Fundación y también asistiendo regularmente a las tareas de escuelas organizadas en otros lugares, hemos contribuido a la creación y al desarrollo de otros grupos e instituciones, de similares características y orientadas por los mismos principios, en distintas ciudades como Perugia, Roma, Génova, Estocolmo, Montevideo, y de nuestro país, en Río Cuarto y en Comodoro Rivadavia. En Perugia, lugar al que hemos concurrido dos veces por año, hemos dictado sesenta y seis seminarios.

El importante mensaje que nos envía el entorno

A pesar de las dificultades que surgen de la comprensible lentitud, algunas veces justificada y prudente, con que el consenso asimila los cambios profundos en la epistemología que fundamenta las ciencias; a pesar también de la comprensible rapidez con la cual ese mismo consenso rechaza con vigor o acepta con entusiasmo, diferentes propuestas, guiado muchas veces por motivos que son emocionales; el número de personas de la comunidad que se acerca a la orientación de la medicina que propiciamos, ha sido, durante los años transcurridos, cada vez mayor. Los profesionales, los pacientes o simplemente las personas que sienten la urgente necesidad de “volver” sobre los episodios de la vida que, en determinado momento, se traducen en una enfermedad, nos hacen sentir con una fuerza que aumenta en lugar de disminuir, que necesitamos, como seres humanos, que la medicina nos ayude a enfrentar de una forma menos insalubre los sinsabores que nos depara la vida. Ese sentimiento, que nos conforta cada día mejor, nos ha motivado para acercarnos a las personas que, a distintas distancias, nos acompañan con su simpatía, invitándolas para que ingresen explícitamente en la aventura de intentar que lo que hace falta pueda ser.

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